Pienso que sería algún jubilado que aprovecha la mañana como mejor sabe. Se levanta temprano, se pone el bañador, coge su gorrito y sus gafas de sol y baja al garaje donde tiene amarrada su bici. Mete lo básico, una botella de agua, una toalla pequeña y la cartera en las improvisadas bolsas en su día añadió como útil accesorio a la bici y sale a la calle, saluda al kioskero, su amigo al que le compra la prensa todos los días y emprende un tranquilo paseo hacia la playa. Se dirige hacia el faro, donde va cada día por la mañana cuando empieza a apretar el calor. Es temprano y aún no está todo lleno de bañistas y familias de fin de semana. La playa de los Caños es una maravilla y si la puede disfrutar cuando está desierta aún más. Si le apetece se da un baño, lo justo para quitarse un poco el sudor y el calor del trayecto y se sienta bajo los primeros rayos del sol a leer tranquilamente.
Poco a poco llega gente y puede observar a alguna de las chicas que hacen topless por la mañana, cuando el sol todavía no es tan cruel. Cuando nota que la masa empieza a llegar y a hacer desaparecer la tranquilidad, recoge sus cuatro bártulos y vuelve al pueblo, donde se encuentra con los amigos, bebe una caña y charla del todo y del nada.
